
FELICIDAD que no es alegría, no un estado de júbilo sino una forma de estar en la vida: feliz, amargado, solitario. No dura cinco minutos sino días y puede verse turbada por pequeños conflictos pero no se mantiene en ese estado. Distinto es estar escuchando Nirvana a las 2:15 am hasta tener ganas de vomitar, dudando en oprimir un botón, como si el no hacerlo resolviera parte del problema y hacerlo nos tapara más en las ruinas de lo inmoral. ¿Inmoral? ¿Dónde quedó la moral? En fin, ¿de qué hablábamos? Ah… si, felicidad. Bueno quien la tenga que la venda porque es necesaria en estos momentos de confusión. Darse un respiro y reconocer que más allá del montaje que uno se arma y de la dramaticidad con que lo endulza, al fin y al cabo es feliz. Feliz de tener historias que contar y papeles que rellenar con cosas que a nadie pueden importarle pero quizás si…
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