
Fría mi mano, espera sin ansiedad. No siente que pueda ser capaz de recibir calor ahora. Se deja enfriar. Delicioso es no saber por cuanto tiempo seguirá esto así. En un silencioso deseo, espera que cuando otra mano venga a tomar su congelada extremidad, sea de improvisto, sea hasta medio brutal. Como un ser querido que con ternura pero decisión y fuerza, nos saca de la penumbra y niebla de uno mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario