Todo está calmo. Hasta el ventilador se toma su tiempo para girar, y su viento, que se encuentra con el que entra por la ventana, me peina y me despeina en un vaivén.
Con las piernas lánguidas, recogidas en la cama, pienso en un pequeño acontecer, que a la distancia se infla y duele como algo que no es. Es que la alegría de ayer, es hoy nostalgia porque no hay más nada en que pensar.
Siempre me apasiono por cosas que no me apasionan en verdad porque prefiero esa dulce miseria imaginaria a la soledad de la nada.
lunes, 17 de enero de 2011
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